15 MAY 2020

Santa Gema Galgani

Santa Gema nace el día 12 de Marzo de 1878 en Cagliani, cerca de la ciudad italiana de Lucca. De familia numerosa (ocho hermanos), sus padres se llamaban Enrico Galgani y Aurelia Landi. Eran de buena posición económica, ya que su padre era químico-farmacéutico. A la edad de ocho años perdería a su madre, víctima de la tuberculosis. Muchos años después Gema recordaría los momentos de angustia de su madre, que sabiendo su fatal destino, tomaba a Gema en brazos y le decía: “¡He pedido tanto a Jesús que me diera una niña! Me ha consolado, es verdad, pero demasiado tarde. Me encuentro enferma y voy a morir. Te tendré que dejar. ¡Si pudiera te llevaría conmigo! ¿Querrías?” Gema, al ver llorar a su madre, lloraba a la vez y le preguntó: “¿Y a dónde iríamos?” “Al paraíso con Jesús, con los ángeles”.

El médico prohibió que dejaran acercarse a la pequeña Gema al lecho de su madre, pero ella, antes de acostarse todas las noches, iba a verla y a rezar junto a ella sus oraciones. El 26 de Mayo de 1885 recibió la confirmación, durante la misa oyó una voz en su corazón que decía: “¿Me quieres dar a tu mamá?” “Sí, respondió Gema, pero si me llevas también a mí”. “No, le replicó la voz, dame de buena gana a la mamá. Por ahora tú tienes que quedarte con papá. Te la llevaré al cielo, ¿sabes? ¿Me la das de buena gana?”. Gema respondió que sí, y al llegar a casa fue corriendo llorando a ver a su madre, que fallecería un año más tarde, el 17 de septiembre de 1886 a la edad de 39 años. Sus últimas palabras fueron: “Ofrezco a Dios de buena gana mi vida para alcanzar la gracia de volverme a reunir con mis ocho hijos en el paraíso”. Poco después Gema fue llevada a vivir con un tío, hermano de su madre, pues el padre de Gema temía que ésta muriera antes que su madre. (El padre de Gema temía que se contagiara de tuberculosis).

Tras la muerte de su madre, Gema fue ingresada en el instituto de enseñanza de Santa Zita, regentado por las Oblatas del Espíritu Santo, comúnmente llamadas “Hermanas de Santa Zita” o “Zitinas”. En este período de su infancia, Gema fue una niña de carácter bastante fuerte, contestaba con frecuencia a los adultos y se peleaba con un primo suyo que siempre la molestaba. Incluso en una ocasión llegó a tirarlo de un caballo en el que estaba montado, dañándose en la cabeza. Tras su primera comunión, para la que se preparó con esmero, hizo cinco propósitos para cumplir de por vida. Alguno, realmente “cosa de niños”, como el quinto propósito que decía: “Cada vez que suene el reloj, repetiré tres veces; Jesús mío, misericordia”.

La adolescencia fue un primer momento de cambio para Gema, hizo ejercicios espirituales con gran fervor, y su carácter se fue dulcificando. Daba cuanto tenía a los pobres, su padre llegó a dejar de darle dinero para que no lo entregara a los pobres. Gema, entristecida, dejó de salir de casa por un tiempo por no tener nada que darles. A los 16 años perdió a su hermano Gino, al que estaba muy unida, cayendo enferma gravemente poco después (tardaría tres meses en recuperarse).

Debió de ser poco después de su recuperación cuando se le apareció por vez primera su ángel de la guarda (entonces ella no sabía quién era). Le habían regalado un reloj de oro con cadena, y Gema tenía ganas de lucirlo. El Ángel le dijo: “Recuerda que las joyas que adornan a la esposa de un rey crucificado no pueden ser otras que las espinas y la cruz”. Las visiones y conversaciones con el Ángel de la Guarda la acompañarán hasta los últimos días de su vida. Al Ángel le confiaría a veces encargos delicados, como el de llevar las cartas a su director espiritual. En una de esas cartas ella misma escribe: “Apenas terminada la carta, la entrego al Ángel. Esta aquí, a mi lado, esperando.” Y las cartas, misteriosamente, sin pasar por correo llegaban a su destino; Roma, donde se encontraba el Padre Germán de San Estanislao (director espiritual de Gema en los últimos años de vida de ésta).

Por aquel entonces Gema sufrió una caries ósea en un pie, la trató de ocultar durante un tiempo hasta que tuvo que ser operada. La operación fue dolorosísima y al terminar uno de los médicos le dijo: “Valiente Gema, has tenido un gran valor”. A lo que ella respondió: “Summa super virtut”.

El día de Navidad del año 1896, ante Jesús, Gema realiza el voto de castidad. Su padre falleció el año siguiente, sumiendo a Gema en una terrible crisis afectiva. La muerte del padre hundió en la más absoluta ruina a la familia Galgani (llena de deudas), que quedó literalmente en la calle. Gema fue acogida por una hermana de su padre; Carolina Galgani, llevándola consigo a Camaiore.

De nuevo la enfermedad visita a Gema, empezó a sentir fuertes dolores y caminaba encorvada, ésta pidió a su tía que la trasladara de nuevo a Lucca. Estuvo en cama prácticamente paralizada, pues no podía moverse por los fuertes dolores que sentía. Los doctores le declararon espinitis, más tarde un tumor en la cabeza y también sufrió una otitis purulenta. Gema, desahuciada por los médicos, le dijo a Jesús que no rezaría más si no se curaba. El Ángel de la Guarda le respondió:“Si Jesús te aflige en el cuerpo, lo hace para purificarte más en el espíritu. Sé buena”.

Un día, una señora que solía visitarla con frecuencia le trajo un libro. Se trataba de la vida del Venerable Gabriel de la Dolorosa (actualmente ya Santo). En un principio lo acogió con poco entusiasmo, pero más tarde ya no pudo parar de leerlo una y otra vez, hasta que tuvo que devolver el libro a su dueña con lágrimas en los ojos. Impresionada con la vida del Venerable repetía una y otra vez: “Primero el alma y después el cuerpo”. El Venerable Gabriel de la Dolorosa se le apareció una noche a Gema y la visitaría con frecuencia al igual que su Ángel, éste llamaba a Gema “hermana mía”. Empezaron también sus conversaciones y visiones de Jesús, tras la realización de una novena a la Beata Margarita María Alacoque, quedó sana.

Reproduzco a continuación algunas de las palabras que Jesús le dirigía en su visiones y conversaciones:

“Hija mía, a la gracia que te he concedido esta mañana seguirán todavía otras mucho mayores”.(Tras su curación).

“Hija, mira: todas estas llagas las tenía abiertas por tus pecados, pero consuélate, que ahora todas las has cerrado con tu dolor. No me ofendas más. Ámame como yo te he amado siempre”. (Primera visión ante Jesús crucificado, que le muestra sus llagas).

“Mira hija, y aprende cómo se ama, (mostrando de nuevo las llagas). ¿Ves esta cruz, estas espinas, esta sangre? Todo es obra de amor, de amor infinito. ¿Entiendes hasta qué punto te he amado? ¿Me quieres amar tú de verdad? Aprende primero a sufrir, sufriendo se aprende a amar”.

Gema decidió ingresar como salesa, lo probó durante un tiempo, pero no era lo que ella buscaba. El día 8 de junio de 1899, víspera de la fiesta del Sagrado Corazón, Jesús le comunica que esa tarde le concedería una grandísima gracia. Gema vivió una experiencia mística brutal, con un total arrebatamiento de los sentidos. Después se encontró frente a la Virgen, a su derecha tenía a su Ángel de la Guarda que le pidió que realizar el acto de contrición.

Al acabar, la Virgen le dijo: “Hija, en nombre de Jesús te son perdonados todos tus pecados”. Luego añadió: “Mi hijo Jesús te ama mucho y quiere concederte una gracia, ¿sabrás hacerte digna de ella?”. Gema no sabía qué responder. La Virgen continuó: “Yo seré tu madre, ¿te comportarás tú como verdadera hija mía?”. Dicho esto, abrió su manto y cubrió con él a Gema. En aquel instante se presentó Jesús, con todas sus llagas abiertas. Pero de ellas no salía ya sangre, salían como llamas de fuego que tocaron las manos, pies y corazón de Gema. Ésta se sintió morir y decaía, pero la Virgen la sostuvo. Permaneció varias horas en esa posición, luego la Virgen la besó en la frente y todo desapareció. Gema se encontró en el suelo de rodillas, y descubrió que manaba sangre de sus manos y pies. Desde entonces, todos los jueves se repitieron los dolores y estigmas de la Pasión.

El Ángel de la Guarda le ofreció a Gema dos coronas, una de rosas y otra de espinas: “Gema, elige” “Quiero ésta, sólo ésta, la de espinas, que es la de Jesús”, contestó ella. Gema le ocultó estos hechos a su confesor, por lo que el Ángel la reprendió y estuvo un tiempo sin aparecerse, aunque Gema dice que sentía su presencia.

A finales del mes de junio, Gema fue a unas santas misiones en la iglesia de San Martín. Jesús se hizo sentir en su alma y le dijo: “Gema, ¿te gusta el hábito de aquel sacerdote?”, señalando a un Pasionista que se encontraba no muy lejos de ella. No hacía falta que Gema respondiera a Jesús, el corazón hablaba por sus latidos. “¿Te gustaría estar también tu vestida de ese mismo hábito?” “Dios mío”, exclamó Gema. “Sí, dijo Jesús, tú seras una hija de mi pasión y una hija predilecta. Uno de estos hijos será tu padre. Vete y descúbrelo todo…” Así fue cómo, por una llamada interior, Gema descubrió que su vocación no era ser religiosa salesa, sino pasionista. Gema le reveló al Padre Gaetano todo, poco después realizaría los votos de pobreza, castidad y obediencia. Por medio de este Padre, Gema conoció a la señora Cecilia Giannini, mujer muy santa, y que en adelante gozaría de la confianza más íntima de Gema, siendo conocedora, y a veces testigo de no pocas de las gracias que el Señor concedió a la Santa. La señora Cecilia se llevaría a Gema a vivir junto con su familia.

Los estigmas continuaban y su confesor, Monseñor Volpi, hizo que un médico las examinara, pero Gema le advirtió que Jesús le había dicho que en presencia del médico no descubriría nada. Monseñor creía que Gema era una embustera y que las llagas se las producía ella misma. Tras estos acontecimientos, Jesús la dirigió hacia el Padre Germán de San Estanislao (su director espiritual en los últimos años de su vida), al que vio en una visión junto a Jesús. Gema trató de entrar al convento de Pasionistas, pero la rechazaron por su mala salud. Ella diría unas palabras proféticas: “Las Pasionistas no me querrán en vida, pero me tendrán en la muerte”.

Jesús dijo cierto día a Gema: “Prepárate, pues el demonio será quien dé la última mano a la obra que en ti deseo ejecutar”. Y estas palabras del Señor se cumplieron al pie de la letra. El demonio detestaba a Gema; le daba golpes, la tentaba contra la pureza con pensamientos e imágenes sugestivas y grotescas; trataba de impedir que comulgase e incluso llegó a aparecérsele bajo la apariencia del mismo Jesús. Por todos los medios trataba de privarla de dirección espiritual, insinuándole cosas malas acerca de sus confesores, o haciéndose pasar por ellos. Era una guerra constante y continua que duró hasta su misma muerte. Era de esperar esta guerra de parte del demonio, ya que serían muchas las almas que se beneficiarían de los sufrimientos y oraciones de Gema, y más aún, ella sólo quería conformarse con la voluntad de Dios para su vida. Esto hacía que el demonio se revolcara de rabia, porque no podía vencerla. Tanta era la rabia que sentía hacia la pureza de Gema que un día la tentó visiblemente, de tal modo que, no pudiendo huir de él, hizo la señal de la Cruz y se arrojó en un pozo de agua helada en el jardín. Su ángel la sacó y la felicitó por su gran amor a la pureza, por su valentía y por su triunfo.

En otra ocasión, cuando la Santa, por orden del P. Germán, escribía su vida, dándose cuenta el demonio del fruto que podía hacer el libro de su vida, se lo robó gritando: “¡Guerra, guerra a tu Padre! Tu escrito está en mis manos”; y se relamía y se revolcaba en el suelo de la satisfacción. El P. Germán, enterado por una carta de Gema, se fue al sepulcro de San Gabriel de la Dolorosa y allí, leyó los exorcismos, ordenando al demonio que volviese el manuscrito a su lugar. El demonio lo devolvió todo chamuscado, aunque perfectamente legible, como se conserva todavía hoy en el Convento de los Pasionistas de Roma, produciendo honda impresión en cuantos lo ven.

Los últimos meses de su vida fueron un auténtico calvario, el demonio la atormentó de nuevo bajo terribles visiones y la atacaba físicamente. En abril de 1903, estando Gema enferma de muerte, el Padre Germán acude desde Roma a su lado para consolarla, Gema se emociona al verlo y le dice: “Me voy con Jesús, Padre. Ahora sí. Jesús me lo ha hecho saber. Con Jesús al cielo”. Abrazada a una cruz y con úna ultima mirada a una imagen de María, tranquila y serena, Gema entrega su espíritu al Señor. Eran las 3:45 de la madrugada del Sábado Santo, 11 de abril. Gema tenía 25 años.

Pasados 14 días tras la muerte de Gema, el Padre Germán quiso descubrir los misterios del corazón de Gema. El día 24 de abril se procedió a la exhumación. Los especialistas que le practicaron la autopsia quedaron asombrados al extraer su corazón, parecía el de una persona viva y fluía sangre. El corazón se conserva actualmente en la parroquia dedicada a ella en Madrid.

Cuatro años después se abrió el proceso para la canonización, el Papa Benedicto XV dispensó el proceso de “fama de santidad” porque era conocida ya en todo el mundo. El 14 de Mayo de 1933, Año Santo de la Redención, Gema es beatificada por Pío XI. El 2 de Mayo de 1940, en plena guerra mundial, Pío XII canoniza solenmemente a Gema Galgani, la primera santa del siglo XX. Sus restos descansan en el monasterio de las religiosas Pasionistas en Lucca, donde también se hallan los de su padre espiritual, Germán de San Estanislao.

Como la devoción a Santa Gema, va a traves de los años aumentando en Madrid, ya que no solo visitan el santuario fieles de la capital, si no que de otros lugares de España llegan peregrinos, los padres pasionistas solicitaron a Roma una reliquia para ser venerada los dias 14 de cada mes. Aceptada la solicitud y viendo la devoción que hay en España a Santa Gema, el padre general de la congregación envió en el año 1985, el corazón incorrupto de la Santa.

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