Hoy domingo celebramos la Ascensión del Señor

23 MAY 2020

Hoy domingo celebramos la Ascensión del Señor

Tres jueves tiene el año que brillan más que el sol: Jueves Santo, Corpus Chisti y el día de la Ascensión. Hoy es uno de esos tres jueves. Cuarenta días tras las Resurrección celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor a las cielos.

La fiesta de la Ascensión es una de las más hermosas del año litúrgico, de una alegría dulce, suave y reposada, con dejos de santa tristeza que la hacen aún más simpática al corazón cristiano y contemplativo. Es la inauguración oficial del Cielo por Jesucristo. Lo conquistó Él con su muerte y resurrección y nos lo brinda a todos como premio regalado de una vida santa, ajustada a su divina Ley. Ir, pues, al Cielo, debe constituir nuestra ambición y nuestro ideal. Con la esperanza de ir a él y de gozar en él de goces inenarrables y eternos, debemos padecer con paciencia y hasta con amor las miserias de la tierra.

El Evangelio de esta fiesta, según San Marcos, testifica también la verdad de este misterio, enseñándonos, además, la misión que Jesucristo expresamente confió a sus Apóstoles, y como éstos la cumplieron:

"En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: Salid al mundo entero, y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, será salvado: el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: Echarán en mi nombre demonios, hablarán en lenguas extrañas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos. El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron y lo proclamaron por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban".

Para celebrar dignamente la fiesta de la Ascensión, hemos de hacer tres cosas: 1º adorar a Jesucristo en el cielo como medianero y abogado nuestro; 2º despegar enteramente nuestro corazón de este mundo como lugar de destierro, y aspirar únicamente al cielo, nuestra verdadera patria; 3º determinarnos a imitar a Jesús en la humildad, en la mortificación y en los padecimientos para tener parte en su gloria.

En el barrio At-Tur de Jerusalén, situado en la cima del Monte de los Olivos, se encuentra la Capilla de la Ascensión. Este lugar, como tantos otros en Jerusalén, tiene un significado especial para los cristianos, tal y como se recoge en el Evangelio de San Lucas éste es el lugar donde Nuestro Señor Jesucristo ya resucitado, se reúne con sus discípulos por última vez, para despedirse de ellos y subir a los cielos dejando su última huella de su paso por la tierra. Allí permanece como una preciosa reliquia.

Se cuenta que a San Ignacio de Loyola, ya anciano, al final de su vida, le conocían como el hombre que miraba siempre al Cielo, ya que le gustaba pasarse largos ratos mirando el cielo en las noches estrelladas, desde la azotea de la Casa Generalicia de Roma. De sus labios frecuentemente se escuchaba la expresión: ¡Qué miserable me parece la tierra cuando miro el Cielo!.

Hoy domingo celebramos la Ascensión del Señor

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