San Pedro, príncipe de los apóstoles, nació en Bethsaida y fue hermano de San Andrés. Era pescador, cuando se presentó con su hermano a Jesucristo, quien le dijo que había de ser piedra fundamental de su Iglesia. Días después, hallándose el Señor en las riberas del mar, le vio con su hermano Andrés, y, llamándolos, les dijo: "Venid en pos de Mi, para ser pescadores, no de peces, sino de hombres." Obedeciendo la voz del Señor, lo dejaron todo y siguieron a Cristo con alegría. Habiendo tenido Pedro la debilidad de negar a su divino Maestro, reparó su caída con dolorosa contrición.
Luego que recibió al Espíritu Santo, recorrió el Asia, y, de vuelta en Jerusalén, fue buscado por San Pablo para aprovecharse de sus luces. Preso el santo apóstol por Herodes Agripa, un ángel del Señor le sacó de la prisión.
Finalmente, hallándose en Roma, fue preso con San Pablo de orden de Nerón, y a los nueve meses murió crucificado cabeza abajo, y San Pablo degollado. Fue el martirio de estos dos gloriosos príncipes de los apóstoles el día 29 de Junio año 68.
Las reliquias de San Pedro, se encuentran debajo del Altar de la confesión, en la Basílica dedicada al primer Papa, en la colina vaticana.
Las reliquias de San Pablo se veneran en la Basílica dedicada al Apóstol de los gentiles, en las afueras de Roma.
En la Basílica San Pietro in Vincoli se pueden venerar las cadenas de San Pedro. La emperatriz Eudoxia, esposa del emperador Valentiniano III, ofreció las cadenas como regalo al papa León I el Magno. Cuando éste las comparó a las cadenas del primer encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina en Roma, las dos cadenas se unieron milagrosamente. Las cadenas se guardan en un relicario bajo el altar principal de la Basílica.
En la iglesia de San José dei Falegnami, se encuentra la Cárcel Mamertina. Aquí estuvo San Pedro en prisión y de aquí salio para ser crucificado e incluso bautizó con el agua de un manantial que habría surgido "milagrosamente" del fondo del pozo.